Un poemario como escenario de pluralidades. Comentario a Memorias de la mañana, de Mario Zúñiga Lossio

Quiero compartir un punto de vista para la lectura de “Memorias de la mañana” (Gato Viejo Editores, 2024). A continuación no voy a ofrecer una interpretación de poemas, ni un análisis formal de los mismos. Tan solo quiero dar dos o tres pasos hacia atrás, y contemplar el poemario desde un lugar de lectura. 

1.    Sobre los heterónimos, las autorías y el juego de roles

Primero, tenemos que alertar al lector o lectora común que, probablemente, el poemario le ubique en un lugar de incertidumbres, ya que en la portada de este poemario (así como en otros de Mario Zúñiga) aparecen varios nombres como autores. Así, una primera incertidumbre que tenemos es: ¿Quién escribe estos poemas? Trataremos de responder bien esto.

De manera preliminar debemos señalar que Mario elabora sus escrituras literarias mediante identidades ficticias o, como se denomina en literatura, heterónimos. Con estas identidades, el autor busca desplazar su rol exclusivo como autor, lo escinde y divide. En literatura también se usa el término “ortónimo” para designar al propio autor, respetando la diferencia con sus propios heterónimos. 

Luego de esas premisas, empecemos diciendo que en la portada del poemario que presentamos aparece el nombre Mario Zúñiga Lossio debajo del título del libro, en el área superior. En la parte inferior, aparecen de arriba hacia abajo los nombres de sus heterónimos Julián Vilca, Nía Shareva y Baldo Orens, en ese orden. No tenemos otra indicación en la portada. En otras publicaciones del autor, las autorías aparecen de otras formas. Alguna vez, Mario Zúñiga es el editor del libro de sus heterónimos. Es el caso de “Despedidas Cotidianas”, poemario del año 2022 que pertenece a sus heterónimos Juan Vilca, Baldo Orens y Maco; adicionalmente, en ese poemario, cada poema precisa su particular autoría, ya sea individual o producto de una colaboración entre dos o tres heterónimos. 

En otro poemario, “Notemas de Nía Shareva” (ganador del Premio Watanabe 2021), el nombre del heterónimo aparece al interior del título del libro. En ese caso, Mario es un declarado autor del poemario. Luego, en otro poemario, “Tejidos reflejos” (2024), la portada del libro nos indica que la autoría corresponde a los heterónimos Baldo Orens, Nia Shareva, con fotos de Julián Vilca. En este último caso, Mario Zúñiga aparece en la página de créditos como autor y editor del libro; y también se le menciona en la página final de reseñas de los autores. Entonces, es evidente que tenemos un movimiento dinámico y escurridizo, no fijo, en el asunto de las autorías.

Regresando al poemario que hoy presentamos, “Memorias de la mañana” (2024), este se divide en 5 partes que no consignan autoría específica. Incluso en los “Agradecimientos” finales, escritos en primera persona, tampoco hay firmantes. Tampoco los poemas certifican su autoría particular, como sí ocurría en otros libros. Así que, podemos decir, que el movimiento escurridizo sobre el asunto de las autorías se profundiza en este poemario. Tenemos solo nombres y no autorías, al menos no en concreto.  

Quiero agregar también que, a esa colectividad de heterónimos presente en “Memorias de la mañana”, debemos considerar la colaboración directa de la poeta peruana Lisbeth Curay. Ella ha “intervenido” (y así se señala en el libro) dos de los poemas del libro. También podemos agregar que en el poemario hay citas y epígrafes que funcionan como “colaboraciones indirectas”, ya que sirven como veladuras que iluminan los distintos contextos que se proponen en los poemas.

Entonces, luego de esta revisión a detalle sobre el asunto de las autorías y los heterónimos, las colaboraciones y las intervenciones, podemos responder la primera pregunta: ¿Quién escribe estos poemas?

Como hemos visto, en “Memorias de la mañana” no estamos ante un solo autor o ante una rígida y estática presencia de autores, heterónimos, personajes individuales e, incluso, colaboradoras y colaboradores. Ninguna de estas presencias está definida como si estuviera sentada en su silla, sola, en su propio escritorio. Más bien, estamos ante una dispersión de autorías, un teatro de sombras, un juego roles. Podemos decir que estamos ante una colectividad en su conjunto.

Esto se vincula a una disolución del concepto de autor o autora que se está desarrollando en la poesía de Mario. Visto de esta forma, y a diferencia del uso de heterónimos en Pessoa, no se nos está ofreciendo un libro donde podemos leer autores independientes entre sí, sino más bien para leer a todo un colectivo. Es la vitalidad del coro polifónico la que trasciende en el poemario.

Creo que estamos ante un poemario colectivo o, mejor dicho, la ficción de una escritura basada en la colaboración de personajes y sus roles dentro de un proceso colectivo. Esta estrategia de escritura parte de un profundo sentido lúdico y político en Mario Zúñiga Lossio, el cual tiene un rol más próximo al de provocador y moderador del diálogo que al de autor principal u ortónimo. 

2.    Sobre los universos en los poemas

Mario Zúñiga ha asumido al pie de la letra el ideario de Pessoa que reza: “Sé plural como el universo”. Es la “pluralidad” otro aspecto importante en el poemario. Existe un vasto universo de personajes, culturas y territorios a los cuales se refieren los poemas. En ese sentido, el poemario congrega múltiples planos y menciones, a veces fragmentarias, que se anillan, se cruzan, se crecen y se despliegan. A veces con suavidad, a veces con intensidad, a veces con vehemencia. 

En el poemario paseamos por distintos referentes culturales, lingüísticos, históricos, geográficos, zoológicos, botánicos, espirituales, etc. También viajamos desde el puerto de Belén, en Iquitos, hasta el multicultural Nueva York o la peruanizada Patterson. O navegamos por el río Marañón de los kukamas, y el Hudson en Estados Unidos, para luego regresar al mar de la costa del Perú. En los poemas se invoca a la deidad afro Eleguá, al erudito italiano Giordano Bruno, a los shirimpiare del mundo asháninka, y a Yahvé, y a Carlos Marx. Tenemos palabras en idiomas indígenas (quechua, maya, achuar, por ejemplo) y palabras de orden técnico o político (como “biotecnológicamente” o “democracia”) junto a onomatopeyas tales como “¡zookk!”, o “plashhh”. 

En primer lugar, el movimiento numeroso y confabulado de todos estos elementos nos dan señas de algunas influencias en el poeta. A veces sentimos el influjo de Walt Whitman, o el aliento del Vallejo de “Poemas Humanos”, ese de los poemas Me viene hay días…, o, Telúrica y Magnética, por ejemplo. Estas formas enumeradas, concatenadas, atiborradas, pletóricas, sirven de soporte al gran impulso vital de los poemas. En lo personal, me remiten a esa especie de “Proemio” que anticipa la novela Las Tres Mitades de Ino Moxo, de César Calvo, cuando el personaje principal del libro, el chamán, “enumera las pertenencias del aire”. 

La colectividad, lo numeroso, lo múltiple y sus ramificaciones, son rasgos comunes en una mayoría de poemas. A esta cantidad de personajes y referencias quiero llamar multitud. Que no es esa “íntima multitud” de, por ejemplo, la poeta Gioconda Belli en su famoso poemario, en el cual se nos muestran los múltiples mundos interiores de la poeta. La multitud de “Memorias de la mañana” es una multitud del afuera o, digamos, del bosque o de la calle. O también de la historia, de lo público y populoso. Y de lo político. Es una multitud activa, conformada por participantes de vibrantes palabras y meditaciones en voz alta. Mario diría quizá que es una multitud de “actantes”. 

Todo el poemario está atravesado por el discurrir urgente de esa multitud y los universos propios de sus componentes, incluso en los momentos más introspectivos del libro. Es una multitud que nunca llega a ser masa uniforme, sino siempre es pluralidad iridiscente y viva. Saludablemente, los márgenes del libro están desbordados por los órdenes y desórdenes de esa pluralidad que dialoga, convive y se da la mano. 

3.    Sobre la pluralidad de identidades 

Pero, si el libro es de autoría colectiva que nos propone unos universos a partir de las pluralidades que convoca, ¿Quiénes forman parte de este colectivo y estás pluralidades? 

Decíamos que la multitud presente en el libro no es masa, no es aséptica, no es una multitud sin rostros. La pluralidad que nos presenta el libro se corresponde a unas pertenencias e identidades concretas. Muchas veces presentes en el libro son pluralidades plebeyas, con raíz y territorio. También son pluralidades no hegemónicas, o al menos cuestionadoras de la hegemonía. Son pluralidad que descentran el mundo, pluralidades que radican en la diferencia y en la otredad. En ese sentido, el poemario es como un “pluriverso”, término de la teoría decolonial.  

Y sobre ese escenario, la comparsa, la movilización de personajes, culturas, epistemologías, visiones y afectos. Mario Zúñiga articula todas esas participaciones. Las vehemencias, las nostalgias, los recuerdos, las increpaciones, los saberes y los cuerpos. También la aparición de la naturaleza como sujeto. Para esto, el autor se ha valido con astucia de la estrategia lúdica de la literatura, la ficción, la autoficción y la poesía. 

Finalmente, quiero regresar a la labor de articulador que tiene Mario Zúñiga en el libro. Como decíamos, él funge de provocador, facilitador y articulador, pero no lo hace de cualquier forma. Lo que parece ser en el libro una estética o estrategia de manejo de personajes, se corresponde con un principio político activo en Mario, sobre todo con respeto a la naturaleza, a los pueblos y a sus territorios de vida. Todo ello se expresa en su trabajo como antropólogo y acompañante durante varios años en procesos políticos de lucha de pueblos indígenas amazónicos. Y así como en la vida real, el autor, para su literatura, ha elaborado un mundo en correspondencia con “sus movilizaciones que acompaña”, valga la expresión.Si se quiere una clave para leer el poemario, esta podría estar en imaginar a esa pluralidad y totalidad de autorías y poemas como una gran red, sin orden jerárquico ni correlativo a la hora de la lectura. Sin embargo, la figura de la red me resulta demasiado simétrica para el libro. Creo que es más pertinente leer el poemario en clave de rizoma. Un tupido rizoma literario sometido a su propio entropía, por el cual nos debemos dejar descender, enredar, dispersar y conducir. 

El presente texto se basa en uno previo que se leyó en 
la presentación de Memoria de la mañana, en la Universidad
San Marcos, el día 10 de julio de 2024.

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