El título del libro corresponde al verso: “el silencio del sable hiende el cosmos como una sombría estrella fugaz”, del poema Satori en una noche (p.53). Con mucho acierto, el autor extrae la última frase de aquel verso para aventurarse a desarticular el conjunto, potenciar los significantes y desplazar los significados. El verso es fragmentado mediantes tres líneas diagonales, como si fueran cortes que dividen y, al mismo tiempo, no dividen la superficie (como lo hacía Lucio Fontana sobre sus lienzos). Esta presentación articulada/desarticulada del título, es un buen referente conceptual de los hechos que ocurren en el libro. El verso del poema Coartada, confiesa: “horda de agujas que desarticula el lenguaje” (p.28). El poemario nos hará partícipes de un cosmos inestable, de transformaciones, fragoso y singularmente oscuro, entre descargas bucilantes.
La voz del poemario se nos presenta por igual absorta ante los astros o los átomos, ante el universo, al ras del suelo o el cosmos como totalidad. Ante eso, el sujeto de la voz es inevitablemente minúsculo, alguien que intenta ubicar una identidad frente a experiencias y relaciones que se le escapan, por pertenecerles a un Todo en transformación permanente. Y si se ayuda de la ciencia, la magia o la poesía, no es para dominar o poseer los atributos de ese universo cambiante, sino para pronunciar por primera vez su terrible hallazgo. Como suele ocurrir, cada poema es una primera vez. La voz y el cuerpo están regidos por “la lengua de la víspera” (p.29). Uno de los poemas nos dice:
ampollando la palabra en la garganta
a veces el riñón
Ceremonia oblicua, p.27
Los poemas, 18 en total, crecen a partir de composiciones más cercanas al cubismo que al surrealismo o al collage. En estos poemas es una misma cosa la que cambia, y los cambios rotan en su eje hacia distintas facetas, a veces simultáneas. Entonces, las cosas se friccionan, dislocan y confluyen. De allí ese “grávido afán por nombrar una tras otra las densidades” (p.25), del poema Ceremonia oblicua. Y aunque esos movimientos están regidos por lo “FUGAZ” (que no es lo efímero) de la materia en el cosmos.
el futuro en las líneas de la mano
donde el gallo hunde su pico
y descose su canto en cicatrices
Constelación en rombo, p.31
Otro poema dice:
Un gusano milenario se ovilla en la mano para escribir
la caligrafía de su próximo viaje
lugar escondido donde el polvo cósmico se encostra
mudo final signo y tizne de la estrella
Coartada, p.29
El universo del libro está sacudido. Ya sea por un apocalipsis o por una génesis, el mundo ha perdido estabilidad y el punto de referencia. El eje ordinario de comprensión ha cambiado. “Crecen los hiatos” (p.49) dice el poema Primer sol, que más adelante agrega “crecen cuervos en el aliento” (p.50). Incluso las funciones del propio cuerpo han cambiado. La referencia a Galileo Galilei (y a Copérnico), se condice con ese cambio de eje que sacude al libro. Gracias a una minuciosa reflexión y escritura, el poeta hace girar al poemario en un lugar lejos de la sensibilidad sumida en la experiencia antropocéntrica. Entonces, el poeta es el centro de sus poemas solo para testimoniar lo contrario: El eje ya no está en el individuo, sino en el cosmos.
En tiempos así, los nombres convencionales ya no sirven, se agotan: “plato vacío del lenguaje” (p.34), se dice en el poema Ausencia de otoño. Pero, ante el agotamiento, surge la necesidad de no renunciar y volver a pronunciar el cosmos, como si fuera la primera vez.
Crece la hierba fresca sobre la cabeza
el instinto de la especie
Primer sol, p.51
El impulso vital es también lo SOMBRÍO. Es que aquel no es propiamente humano, es superior y nos es, en parte, ajeno.
Pienso que aquel universo convulsionado se asocie al declive contemporáneo de todo lo conocido, a la actual crisis civilizatoria de occidente (¿solo occidente?), al colapso ambiental que atravesamos y experimenta el planeta. Todo ello está latente en el libro. El poema Bosque negro anuncia “mientras la floresta se calcina” (p.9); o “caminamos mudos /yendo /hacia los siglos estériles” (p.38), no dice el Poema estrella. Las composiciones del libro surgen de la necesidad de pronunciar la materia de un mundo en su versión primordial. Materia naciente que convive, a su vez, con su materia caduca.
Astros, estrellas y constelaciones giran junto a gallos y carneros. Gravitan los códigos del horóscopo y de la anatomía humana. Se esfuerzan y ahogan, a la vez, tráquea y garganta. La flecha y la golondrina son revelaciones. Todo aquello que en los poemas se eleva o aterriza, no es alucinación. Es real. Las imágenes son muy concretas, aunque a veces tengamos la sensación de que la escritura surgió de un mito y sus oráculos. Pero estos poemas no son profecías, son hechos contemporáneos, experimentados por un aplicado poeta empirista, que registra en su bitácora fenómenos que aún no hemos aprendido a observar.
